Saturday, January 12, 2008
Es la vida que me alcanza
Suerte que las palabras que se lleva el viento vuelven a nuestro espíritu en el momento menos esperado, siendo mucho mejores de lo que eran cuando las dejamos ir. Mucho menos cuando nuestro espíritu reposa lejano esperando que lo recojan.
Suerte que tengo de vivir como he vivido. Hoy que soy más rico que nunca y que mis bolsillos se aprestan para vaciarse una vez más, me siento maravillado de los labios que me rozaron esa noche en el balcón, de ese cuerpo que se resbalaba en mis manos sobre el colchón que reposa en el piso, de los ojos brillosos que esperan en la distancia de la ciudad que albergó mis sueños y que ayudó a consolidar mi espíritu.
Hoy, cuando mis planes se acercan, cuando no los he aprendido a planificar minuciosamente, tengo esa sensación extraña que se parece al llanto antes de convertirse en lágrima. He tenido todo el día tus labios en los míos, tu cuerpo en mis ansias y mi alma reclamando encontrarse allá lejos con mi historia, mi alma y mis convicciones.
Mi camino se abre una vez más. Mis piernas cansadas, desentrenadas de andar, temen un poco si serán capaces de volver a llegar. Mi corazón se aprieta con una mezcla conocida de ansias y dudas. Esa duda que busco, que me mueva, que me cuestione al punto de no dormir sin un pasito más hacia la respuesta.
Allá lejos, cuando las noches se hacían cortas de andarlas, donde era uno de los dueños de las calles, donde nada ni nadie nos quebraba el convencimiento, el destino está quieto, estático… esperando… con la tranquilidad de lo que siempre supo. Y yo, resignado, solo pienso en que debo prepararme para nuestro encuentro.
Saturday, January 05, 2008
Otra noticia de esas
El Billy le llamaban y se hacía llamar, fue uno de tantos, pero grande como pocos. Fue un historiador de esos convencidos de que la educación es un primer paso para la libertad. Esa libertad restringida por las desigualdades que supo combatir con elocuencia y convicción; con rebeldía y coherencia, transportando su sueño a los corazones de sus estudiantes y compañeros(as).
El Billy, Guillermo Billeke Calderón, decidió terminar con su vida en esta tierra tras luchar mucho, pero tanto va el cántaro al agua que al final, de alguna forma, por alguna parte se resquebraja, se quiebra y se rompe.
¡La vida tiene que vencer, hermano, como la utopía debe imponerse ante el curso de la historia!, le dije a un hermano de la vida hace unos minutos. “Que la vida se abra paso, eso es lo importante, cada año es para hacer algo, si no lo hemos hecho, es de flojos”, me contestó. Como el Billy que cada año hizo algo, cada mes, cada semana y cada día. Y el curso de esta historia reciente, de temores vívidos y somnolencia permisiva de un Chile boyante y desproporcionado, seguía –sigue- imponiéndose vergonzosamente ante los ojos cómplices de los brazos que se cruzan y las mentes que se aturden.
Mi dolor ha sido raro, no como otras veces, mi dolor por la pérdida de chilenos y chilenas de un valor indeterminado, de ese valor que no cuantifica el Producto Interno BRUTO, me ha tenido en mi casa tomando “caldo de cabeza”. Me tiene triste esto del Billy, y sobre todo esto de la vida que se escurre entre los pliegues de la vergüenza. La de un país que mientras más rico más pobre en conciencia.
Lo que deja el Billy, además de su descendencia, es la certeza de que en Chile poco importan los sueños. Que en Chile la democracia es sierva de unos pocos que siguen siendo los mismos, o incluso menos que antes.
El Billy se ha ido y no volverá. Queda su recuerdo, su impronta y su convicción de antes. La que nos pone a pensar, a doler y a revolcar.
Buen viaje, hermano. Otros vientos tendrán que soplar.
Monday, December 03, 2007
Mi hermano y sus 40

El Chico con su familia: Su compañera Jime, su hija Amandita y su hijo Vicente. (Foto birlada del sitio familiar www.teampuiglealtoro.blogspot.com)
El Chico cumplió 40 años y lo conozco desde que tenía 13. Eso, según mis cálculos matemáticos me da la suma de 27 años de tiempo intermitente de convivencia.
Los primeros años fueron intensos. Recuerdo siempre de manera especial la veza que decidí irme de la casa porque no compartía las reglas de mis padres. La tía Meggi me recibió en la suya (la del Chico) y me pude quedar algo así como una semana (a pesar de mi aventura, no soporté mucho más la distancia con mis viejos). Íbamos a almorzar todos los días, luego del colegio, a la casa abandonada, donde mi mami nos esperaba con algo rico. Íbamos de visita, como para que no me extrañaran mucho.
La cantidad de fiestas en casa de los Puig, en General Mackenna, los besos furtivos tras las puertas, o en la pista de baile, no se comparan a la cantidad de besos que quise dar y nunca se concretaron. Aprendí y crecí en ese espacio, lo que era el valor de la amistad y es inevitable recordar el episodio en que me puse como loco al ver al Chico con el tabique roto por un ladrillazo, que le dejó la nariz con comba, al igual que… que otras cosas que son imperdibles en la memoria.
Íbamos al baño juntos, como hacían las mujeres, jajajajajaja, nos acompañábamos a ‘cagar’ como si fuera lo más natural del mundo y dormimos muchas veces en la misma cama, incluido el Chomalí, que era como una cobijita de lana. Recuerdo haber despertado una vez en la cama de la tía con uno a cada lado durmiendo sobre mis brazos después de una farra, y de seguro que la tía andaba de viaje o algo.
Las colectas en que actuábamos como voluntarios, las recogidas de diarios y botellas para tener plata en campamentos, los abrazos innumerables que se daban como una rutina obvia y necesaria para mantener en alto la vida que comenzamos a construir con los afectos como parte importante de la vida.
No puedo decir que la amistad se parezca a nada diferente de lo que compartimos cuando apenas comenzábamos a mirar niñas y añorar caricias. Cuando entre campamentos y vivencias, fuimos recogiendo de la forma de ser de los otros y dejamos que nos permearan los sentimientos.
Mi vida no sería la misma sin esos años, sin el grupo viviendo como una familia, con las personas y los sueños que se fueron forjando a pesar de lo distintos, con la misma intensidad y convencimiento de lo que nos guiaría en la vida.
Si bien cuando llegamos a la universidad y decidimos que cada uno apuntaba a otras cosas. Si bien ambos cometimos errores que pudieron hacer daños y de los cuales hemos aprendido. Si bien la vida me trajo miles de kilómetros lejos y allá se quedaron las raíces, mi hermano siempre será mi hermano y mi corazón siempre estará dispuesto y lleno de su energía y pasión por cada cosa que emprendiera.
Hoy mi hermano cumplió 40 años, a mí me faltan cinco meses. Mi abrazo vuela a su encuentro y mi recuerdo se vuelve planes para seguir creciendo. Sigo sintiendo que la vida da vueltas para eso; Para seguir creciendo.
Friday, October 19, 2007
Más de lo que somos... de lo que no quiero ser
Este mundo que es una mierda y tantas veces me han discutido que no. Este mundo material que piso cuando recorro las calles de una Bogotá amenazante o un Santiago maquillado que se quiere parecer a lo que nunca será. Unas ciudades llenas de inmundicia, desde quienes las gobiernan, hasta quienes las habitan.
Quisiera creer que algún día esos -que insisto en pensar que son mayoría-, esos que no le hacen mal a nadie –pero tampoco bien- despertarán y se unirán a esos pocos que algo impulsan, con un grano de arena y una convicción irreducible, para que podamos habitar un mundo con más abrazos y menos dagas.
“Una bala siempre es perdida”, le leí un día a Juan Mosquera (www.lluevelove.blogspot.com) y me ha quedado incrustada la frase en la memoria. Lástima que la razón de los humanos, la lógica y el pragmatismo sean tan estúpidos. Habría que disparar más cámaras a las puestas de sol, más globos calientes al cielo, más risotadas en espacios públicos y privados. Pero sigue imponiéndose nuestra prepotencia en forma de lógica y supuesta razón, la principal “virtud” de la especie que domina el planeta, A veces pienso que ahí fu cuando todo se fue a la mierda: Cuando le cedimos tanto terreno a la razón, se lo restamos a la intuición, y perdimos la capacidad de escuchar sentimiento y un llamado a la pasión.
Pero sigo pensando, sigo tratando de aprender de lo que no se, sigo intentando descubrir cuáles son las cosas que movilizan al mundo y en las que sean capaces de despertar a esa horda de gente dormida, que escasamente opina y mucho menos actúa.
Wednesday, October 03, 2007
Tum tums del corazón
Me preguntaron si sabía cómo reconocer el amor, si ese viaje había servido para saber al menos eso y me encontré respondiendo. Sumergiéndose en ese mar –le dije- no hay otra forma. Buceando sin miedo en esas aguas que pueden parecer inciertas y que despiertan la adrenalina. ¡Hay que meterse sin miedo, es la única manera!
- ¿Si hay que sufrir se sufre?
- Es la única forma de ser feliz. A esta vida vinimos a sentir, y eso incluye el dolor.
- No me quiero ir de este mundo sin saber que es el amor.
Y volví a encontrarme con que el amor que no siento hace tiempo está latente. Que mi soledad interminable es parte de mi felicidad porque no quiero nada que se parezca al amor sino que me inunde. Lo quiero todo o nada.
Supe que si la ocasión se presenta no tendré ningún miedo porque quedarse con la duda de no saber si no eres feliz por cobardía, es peor que el dolor que se pueda sentir por equivocarse. Supe que la vida me ha regalado felicidad dentro de los espacios y los mundos que he recorrido.
Reconocí que eso que se siente es algo orgánico que no alcanza a ser descrito con palabras, que no tiene explicación ni se puede cuantificar.
¿Cómo describes el sabor del vino cuando te lo sirven en otra boca? ¿Cómo describes el sorbo de café al amanecer con un cuerpo acurrucado en tu pecho? ¿Cómo describes la sensación de sentir el estremecimiento de un cuerpo cuando tocas un muslo por primera vez?
Hay cosas que se saben pero no se enseñan. Una de esas es el amor. Una forma de respirar sintiendo como inhala y exhala la otra persona, y en ese respirar te saca cosas que no sabías que tenías dentro. Ese mejor ser humano que no te has atrevido a ser. Si no se aproxima a eso: Puede ser cualquier cosa, pero no es amor.
Tuesday, September 18, 2007
Un momento vacío puede ser la vida entera
Ahora, si quieres ir a alguna parte específica, no siempre el camino es el más placentero. Entonces hay que decidir: ¿me le mido al recorrido? Generalmente eso es doloroso. Y a veces uno escoge quedarse en un momento vacío para evitar el dolor.
Pero ojo, que un momento vacío puede durar toda la vida.
Tuesday, September 11, 2007
Otro septiembre 11

Foto tomada de: www.elangelcaido.org/comunicacion/029/11septiembre01.jpg
¡No lo puedo creer! Han pasado 34 años desde que Augusto Pinochet Ugarte, auto proclamado comandante en jefe del Ejército, se tomó el poder junto a sus escuderos: César Mendoza Durán, General, Director de Carabineros de Chile; José Toribio Merino Castro, de la Armada Nacional, y el oscuro general Gustavo Leigh, al frente de la Fuerza Aérea de Chile.
Estos nombres, valientes soldados (como versa el himno nacional), se tomaron el Palacio de La Moneda un 11 de septiembre, e hicieron frente con tanques, tanquetas, hombres fuertemente armados de Carabineros y el Ejército, sin contar los cazabombarderos que a su vez bombardearon desde el aire, a un grupo de resistentes, en su mayoría civiles, entre los que se encontraba el presidente Salvador Allende Gossens, armados con subametralladoras, escopetas y armas cortas. Sólo les faltó mandar un acorazado de la armada para tan temible hazaña.
Lo que vino después es ampliamente conocido: Personas desaparecidas, torturadas, asesinadas, exiliadas, etcétera, etcétera, etcétera… Podría dar cifras pero no quiero caer en el tema de los números, ni en el debate en el que nos pretenden hacer entrar cuando justifican una debacle como esta en aras del bien de una mayoría versus el sacrificio de una minoría. (Es que ni siquiera está claro que sea una minoría).
Quiero recordar el Chile del que hablaban las canciones, de los buenos anfitriones, de lo festivos que éramos antes de que mi cerebro pueda recordar y de lo que dejamos de ser y lo sub humanos que somos como país hoy en día.
Quiero imaginar si algunos de mis amigos podrían estar vivos si esto no hubiera pasado, o los amigos de mis amigas, o las parejas de tantos y tantas que nublaron el corazón de tantos y tantas más. El 11 de septiembre será siempre una fecha oscura para nosotros, una generación de adolescentes que no lo fuimos, que andábamos pensando en lo que vendría si sacrificábamos tantas cosas de la juventud por algo que no vivimos, y no viviremos. Que jugamos a ser grandes y pensamos que estábamos para grandes cosas aunque nunca las viéramos.
Con la conciencia de que la muerte podía encontrarles, tantos y tantas héroes y heroínas de esas que se ven en las películas, pero que nunca se han reconocido, dejaron su vida, o algo de lo mejor de sus vidas, por restablecer esa alegría que nunca vino.
Hoy en día muchas personas que jugaron con nuestros sueños se regocijan en un puesto de trabajo en el Ejecutivo de la doctora Bachelet. Hoy en día dicen que el gobierno de 'izquierda' de ella hará un país más justo pero con calma, y despacito. Tan despacito que ya han pasado más de 18 años desde que se fue ese señor y todavía hay hambre, inaccesibilidad a la educación y largas filas para que atiendan a los ancianos en los consultorios de salud.
Un país rico, el más rico de América Latina, en que se mueren dos ancianos de frío en sus casas porque no tuvieron con qué abrigarse este invierno que se acaba.
Ése es el país que heredamos de esa lucha contra la amenaza comunista que emprendieron los señores generales. Esa hazaña de la que, hasta el día de su muerte, cómodo en su cama, se sintió orgulloso el general comandante en jefe de las fuerzas armadas (escribo a propósito con minúsculas), luego de que se comprobó su enriqueicimiento ilícito (como un vulgar ladrón) y lo que todos sabíamos -excepto, quizás, los que no querían ver, aunque eso no les excuse-.
Son tantas las cosas que se podrían comentar. Son tantas las etapas que nos saltamos algunos, pero tantas más las que se saltaron otros y otras. Son tan oscuros los episodios y seguimos, como mayoría, volteando la vista sin querer que eso nos toque o nos culpe.
Sí, ya sé que hay quienes desean voltear la página, que no quieren seguir pensando en esto, al fin y al cabo ya son 34 años. ¡Hasta cuándo? Preguntan.
¿Hasta que al menos seamos capaces de mirar a la cara a los exiliados de esta democracia ficticia y mojigata que sigue escondiendo su responsabilidad en la validación que le da un sistema electoral impuesto por la dictadura?
¿Hasta que dejen de desconocer el derecho a reclamo que tiene la gente del común cuando el sistema los desconoce sistemáticamente? ¿Hasta que el nuevo gobierno al menos reconozca su incapacidad de dejar atrás el sistema autoritario que heredamos, el que combatieron y que ahora defienden en la práctica?
Yo no sé hasta cuándo en realidad. Pero me da vergüenza pensar que la democracia chilena distribuye sus riquezas entre una inmensa minoría y la gente del común sigue en las mismas: ¡Jodida!
Sigo pensando que esta es una fecha nefasta. Sigo pensando que es increíble que una de las principales arterias viales de Santiago se llame 11 de septiembre como si fuera un motivo de orgullo y la gente se pasee por ella sin siquiera cuestionarlo. Sigo sintiendo que somos mojigatos, cobardes y rastreros. Y me sigue doliendo esto, tal vez porque hago parte de los que no fuimos capaces de cambiarlo.
Friday, September 07, 2007
Pseudointelectuales de nuestro tiempo
Suelen ser personas del mundillo intelectual, que por saber una técnica o haber desarrollado un pequeño discurso se sienten con la autoridad de condenar el mal gusto de quienes les rodean o catalogar con su actitud a quienes no gustan de lo mismo que su refinado paladar o intelecto les ha enseñado.
¿Quién ‘hijueputas’ se creen estos huevones? Apenas son capaces de mirarse al espejo todos los días, han demostrado incapacidad para desarrollar relaciones duraderas, tienen un pequeño reducto en el que se sienten fuertes y tienen la mente tan estrecha que son incompetentes para descubrir que podrían aprender algo de las personas a las que juzgan en una actitud tal de superioridad que lo único que se evidencia es una inseguridad que vocifera debilidad.
Me molesta tanto esa gente que es incapaz de mirar a la cara o sostener una mirada para llevar una discusión. Me enciende la ira cuando susurran: “este man” porque alguien mira una película que no está a la altura de El Perro Andaluz o Tan lejos y Tan Cerca. ¿Es que piensan que quién se sienta a ver Rocky no está a la añtuçra de su mente, o qué? ¿Y es que sólo tienen ojos para Ingmar Bergman? ¿Se les olvida que habitan un mundo en que las personas sólo se pueden entender desde lo que les llega? ¿Creen que todo el mundo debe ser de los privilegiados han tenido acceso a la educación que les permita entender los subtextos de Woody Allen?
¿Qué clase de intelectuales se acuñan en estos tiempos que no son capaces de entender las motivaciones, las emociones y las pasiones de su tiempo?
Difícilmente esos pseudointelectuales del mundillo intelectual son capaces de entenderse a sí mismos, porque están preocupados de parecer lo que no son y porque no saben qué ni quiénes son. Difícilmente serán capaces de ponerse a la altura de los pensadores que propusieron cambios para el mundo que habitaban porque entendían el mundo que les rodeaba.
Esa clase de mediocres con carteles colgados en sus pechos me tienen de las huevas con su hipocresía… Estoy enojado esta noche porque a veces la pedancia se disfraza de tonos dulces y a veces refinados. Hienas disfrazadas de ovejas que esperan la carroña para alimentarse del animal caído.
Wednesday, August 29, 2007
Un taller y dos ruedas de prensa
Se trata de una capacitación que ofrecen las entidades para el cubrimiento responsable de los derechos de las víctimas del conflicto colombiano y el desplazamiento forzado. Había cupo para 20 periodistas, por lo que solicité amablemente que recibieran tres más, porque me parecía que iban a sacar provecho del taller. Llegaron 12 en la mañana del sábado, hubo un momento ‘top’ en el que hubo 16 (la tarde del sábado- y el domingo otra vez 13.
El punto es que, si uno descuenta a los tres periodistas que obtuvieron un cupo extra, sólo 13 de los inscritos asistieron en algún momento del taller y hay que sumar a los que estuvieron sólo una parte, ocupando el espacio de otros colegas que sí hubiesen sacado provecho de las tres personas que lo dictaron.
El martes hubo una rueda de prensa de la Feria Ganadera, en que se repartieron ponchos, aguardiente, cerveza y sombreros. Estaba lleno de colegas. Todos felices cubriendo una actividad que fue hasta las 10:30 de la mañana y casi nadie salía del mismo hotel en que se hizo la capacitación gratuita en beneficio de nuestro oficio.
Ese mismo día y a esa misma hora, se rendía cuenta del Plan Integral Único de Atención a Población Desplazada, que según las cifras optimistas, habla de 84 mis personas en el departamento y 54 mil en el Área Metropolitana de Bucaramanga. Cero colegas… ¡Cero!
La tesis de Paco Gómez, que dice que “a la gente le importa ‘un culo’ lo importante”, cobra cada día más peso en mi pensamiento. “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el 506 y en el 2000 también”, como dice el tango, o el 3000 habría que actualizar en el día de hoy, es de una sabiduría que no linda en ninguna parte con la esperanza.
Otra vez estoy con mierda en el pecho, cada día más situaciones injustas que me inundan el cerebro y cada vez más especímenes pendientes de la marca de jeans que está de moda para botar a la basura sus americaninos… ¿o esos ya pasaron de moda?
Sigo sin comprender, sigo siendo uno más de tantos que no logramos pasar de la opinión a la acción, pero sigo rebelándome aunque el medio me de órdenes distintas y me prenda luces distintas para un mejor o feliz aterrizaje… no más, ¡He dicho y buen viento!
Monday, August 13, 2007
Cien palabras para una imagen
Unas con la vida en los brazos. Las otras, despedían a un motociclista que encontró su fin quién sabe a cuántos kilómetros por hora.
Unas por una vida, otras por una muerte: su vida ya no es igual... Yo pongo la cabeza en mi almohada sobre un colchón en el piso.
Sunday, May 13, 2007
La felicidad, ¿dónde queda?
FOTO/AMANDITA PUIG SALINAS/LA HIJA DE UNO DE MIS HERMANOS DE LA VIDA.Este post se lo debo a una charla con Blanca López, quien a pesar de pertencer a las nuevas generaciones, anda en el camino de encontrarse. (Recomiendo el blog en que funge como editora. Publican de cine en general y cine colombiano en particular: Alma Provinciana.
La felicidad ¿Tiene que ver con conseguir los logros que te has propuesto? ¿Estar en el camino no es suficiente?
Es que me da vueltas en la cabeza el tema de la libertad y de la felicidad de una manera recurrente. Es parte de la búsqueda en la que ando desde que el maldito Sabater apareció en mi vida con su Ética para Amador -ya, yo sé que no es el sumum de la filosofía moderna, pero qué le voy a hacer, debo darle el crédito-.
Pienso que en occidente -y más en nuestro occidente-, no hemos preparado a nuestras generaciones para filosofar sino sólo para obtener metas. Nadie se piensa a sí mismo y mucho menos dedica tiempo a plantear o plantearse preguntas que requieran de una respuesta elaborada.
Eso, para mí, ¡es una cagada! Porque la gente no se prepara para vivir la vida, sino para luchar por conseguir metas prestadas. Bueno, ¡y qué tipo de logros que nos pide este mundo de mierda en que habitamos! Bueno; Y en ese afán de llegar a las metas, la vida se vuelve una constante frustración en lugar de un goce ¿sabes?
No se trata de que no tener metas, sino de que es una ‘putada’ que el único momento de felicidad para un ser humano sea cuando las conquista. Una diminuta fracción de tiempo en relación al que ha invertido en alcanzarla.
En otras palabras: La felicidad se vuelve efímera. Se reduce a un momento, al día o el mes en que consigues lo que te impusiste hace mucho. ¡No fuimos educados para gozar la vida!... sino para sufrirla.
Por ejemplo: ¿Quién no ha estado feliz cuando sustenta su tesis de grado? ¿Cuánto duró ese momento? (puede ser cualquier otro ejemplo que simbolice el fin de un camino). Lo que digo es que estamos mirando pa'lante sin mirar el suelo que pisamos... ¡claro que hay que mirar pa'lante! Pero también hay que hacerse consciente del hoy que pesa en la construcción de futuro. Y en la medida que somos conscientes de caminar hacia el destino que deseamos, deberíamos gozar con el recorrido. Conseguir la meta pasa a ser un punto más del recorrido ¿no te parece? Y la felicidad en lugar de un momento, se vuelve un estado.
Ya, yo entiendo que en un mundo como el que habitamos uno tienda a pensar que la felicidad no es más que momentánea y que no hay nada qué hacer. Pero, a pesar de lo que parece, yo creo que existe. Jajajajaja. Yo sé, me quejo mucho del mundo en que vivimos, pero de verdad pienso que existe, pero no sabemos verlo. No hemos sido educados para eso.
El problema es que el entorno nos dice que la felicidad depende de otros o de las cosas que podamos obtener y no hay nada que se le oponga a eso. De ahí el peligro de que ni siquiera intentemos filosofar. No nos cuestionamos, no perseveramos, nos rendimos.
Pienso que lo que no se debe pretender es que la felicidad sea sinónimo de risa, que dentro de ella puede haber momentos de tristeza, de hecho debe haberlos, porque uno igual se enriquece cuando algo le afecta. Pero en la medida que aprendemos a hacer lo que nos lleve a nuestras metas, y a tener claridad de hacia dónde vamos, nos genera la convicción de estar en el camino, aunque haya momentos y situaciones que nos ‘caguen la onda’, ¿me explico? Vuelvo y digo, no eliminar las metas de nuestras vidas, sino que sean una etapa más del camino que recorremos, ese camino que nos vuelve conscientes y nos libera aunque eso implique sufrimientos. Pero ha de ser un camino que conduzca a ser alguien, un camino que nos permita mirarnos y descubrirnos, y que visualice el ser en quien deseamos convertirnos.
Es como una cárcel con laberintos... una trampa que nos embruja... en fin... no sé, ¡en eso ando!
Para muchas de las personas que conozco sé que la tranquilidad puede ser lo que más se parece a la felicidad, que al menos es parte importante para lograr la felicidad, porque la ansiedad y desasosiego es una sensación que se parece a la depresión, pero porque no estamos preparados para resolverlos. Me quedan dudas: A veces pienso que la PRUDENCIA es la que no nos permite ser felices ¡sabes?
¿Te sorprende esa palabra? Jejejejeje. Mira, es que nos decimos ¡pilas, no te entusiasmes!, esto es apenas una partecita, ¡Todavía falta mucho! Y eso equivale a ‘joderse’ un viaje antes de iniciarlo. Es como decir: ¡Listo, salimos para Indonecia! pero no te entusiasmes todavía, porque no has llegado. Cuando en realidad, ¡uno está feliz porque sale para Indonesia! ¿me explico?
Estamos acostumbrados a menospreciar lo que tenemos porque no nos miramos a nosotros mismos, sino a los que tienen lo que nosotros deseamos. Y deseamos lo que tienen no porque sea lo que en realidad necesitamos o nos puede hacer felices, sino porque un ‘otro’ (llámese televisión, mercado, sociedad o líder) nos dice que en eso consiste la felicidad. Y claro, es más fácil creerle que pensar por uno mismo.
No estamos preocupados por SER alguien, sino por TENER algo. Ese es el verbo que para quienes nos rodean se parece a la felicidad: TENER. El problema es que no TENEMOS argumentos para resistinos. Y eso: porque no sabemos nada de nosotros mismos, ni de la felicidad, ni de la libertad, y salimos a buscarlas fuera. Un afuera tan grande, que nos da miedo salir a encontrarlas.
Por eso pienso que es una cagada que no nos eduquen para filosofar, para preguntarnos, sino para repetir respuestas prestadas.
Ya sé… es tarde. Buen viento en la travesía.
Friday, May 04, 2007
¡No quiero saber!
IMAGEN: CORTESÍA DE ARWASSA ESPECIALMENTE PARA ESTE TEMA(www.arwassa.blogspot.com)
Esta es una continuación del otro tema, así que siga y diga lo que piense... siempre y cuando, primero lo piense.
Thursday, April 26, 2007
Castígalos Señor, sabían lo que hacían

FOTO TOMADA DE EL TIEMPO
>Por César Baeza Hidalgo
El informe del martes pasado del diario El Tiempo (http://www.eltiempo.com/justicia/2007-04-24/index.html) no ha despertado ninguna reacción suficiente de repudio por parte de la ciudadanía colombiana. Este país que vive intensamente múltiples climas y un sinfín de verdes en cualquier camino polvoroso. Humedades calurosas y gente que ríe a pesar de lo que sea, no sabe reaccionar ante la evidencia de lo que todos sabemos desde que queramos saberlo. Pareciera que no puede con la verdad.
Una madre, Rosalba Velásquez, dijo: “A uno lo hieren tanto que hasta el miedo se lo matan”. Ella perdió cuatro hijos en manos de diferentes actores armados de la guerra. No le queda nada, sólo unas fotos de unos rostros que no volverán.
Los muertos se calculan entre 10 mil – según la Fiscalía, los más optimistas- y 31 mil, según las cifras de la Comisión Colombiana de Juristas. Muertos depositados en fosas que fueron descuartizados vivos para no gastar balas, ocupar menos espacio y tener que cavar menos. Un cuerpo sin brazos, piernas ni cabeza, se puede enterrar en un hueco más pequeño.
Las declaraciones en que uno de los paramilitares encerrado en La Picota (cárcel de Bogotá), describió como sus comandantes les enseñaban a descuartizar, vaciar tripas y enterrar a sus víctimas optimizando el espacio y los tiros con personas vivas. (Hasta para eso optimizaron los esfuerzos, enseñaban como hacerlo con personas vivas que ellos mismos condenaron por el pecado de tratar de sobrevivir o poseer un pedazo de tierra que a ellos les interesaba).
Ellos sabían lo que hacían. Ahora apelan a la buena voluntad de una sociedad que quiere paz, que está tan cansada y desorientada que no tiene voluntad ni fuerzas para tener claridad en cuanto a lo que se pueda hacer para seguir adelante. La palabra justicia es un concepto que parece insuficiente y vilipendiado como para pensar que alcance para apelar a otros como reconciliación o reparación. ¿Cómo pedir que esas palabras quepan en el pecho de doña Rosalba y otras tantas madres o familias?
Sigo pensando que debería estar prohibido olvidar. Debería existir un mecanismo que no nos permita olvidar la rabia, la angustia ni el desasosiego que produce una barbarie como esta. O como tantas otras, que por lejanas en el tiempo, pretenden hacernos entrar en razón para que podamos seguir viviendo la vida como si nada hubiera pasado. Que nos permita enfrentarnos a nuevas evidencias de lo que somos capaces como seres ¿humanos? Como si fuera algo nuevo para dar otra oportunidad.
No señor, no deberíamos ser capaces de seguir soportando. Ante esto, yo pido: ¡Castígalos Señor, porque sabían lo que hacían… y todavía lo saben”.
Por favor, lean: http://www.eltiempo.com/justicia/2007-04-24/index.html
Tuesday, January 30, 2007
Mis trampas y laberintos
Las trampas y laberintos por los cuales transitas. A eso me refiero con que no todo es lo que parece. En la medida que esculcas y te acercas a comprender el concepto de libertad, te das cuenta cuan lejos está.
Pero sirve para eso, como una utopía. Las utopías no son necesariamente para alcanzarlas, como sugirió Eduardo Galeano alguna vez, sino como una meta que te ayuda a avanzar, como una fuerza movilizadora que, si bien sabes que nunca alcanzarás, te lleva hacia algún lado.
Yo no idealizo la vida, por ejemplo, ya que sé que el mundo es una mierda-, pero construyo un sueño del mundo que deseo habitar y lucho para que exista... aunque nunca se alcance y seamos concientes de que el imposible nos habita, nos inunda y nos abruma.
¿Me explico?
Los conceptos abstractos se inventaron -supongo- para nombrar de alguna manera algo que existe y no podemos tocar. Prefiero pensar eso a que las cosas sean al revés. La libertad no se puede tocar, tal vez ni siquiera se puede sentir en realidad. Pero sirve como un motor que te permite avanzar, que te impulsa y te saca del sopor y el estancamiento.
En la medida que piensas o criticas lo que ves, y lo haces de manera autónoma, ejerces tu libertad. Una libertad que te enreda, te sume en el laberinto, y en cada esquina, otra pared que te detiene.
¿Qué tan autónoma? Cada vez más, pienso yo, en la medida que descubres que lo que piensas siempre está mediado por algo... ahora bien, el campo abierto puede estar detrás de esa pared del laberinto, muy cerca, pero la salida, ¿cómo encuentras la salida?
Friday, January 12, 2007
Tengo mierda en el pecho
Anoche celebré, sin premeditarlo, mis doce años en Colombia. El reencuentro con un amigo del primer año -1995- me confirmó que las cosas que no se planean, en la vida social son de las mejores cosas que le pueden pasar a uno.
Pero hay otras tremendas que no se pueden planificar y que lo toman a uno siempre por sorpresa, una de esas sorpresas que no quieres que lleguen nunca, que hacen pensar que el mundo es una mierda y que los seres indolentes a los que nos tocó dominarlo también.
Hace una semana, un hijo que acompañó a su padre a hacer las compras en un supermercado del barrio Provenza (Bucaramanga-Colombia), fue atravesado por una bala que impactó en su frente. El joven quedó en coma hasta la madrugada de hoy, -viernes 12 de enero de 2007- cuando luego de una lucha milagrosa y quién sabe si inconsciente contra la muerte, se fue a otro mundo, si este existe.
He pensado que lo único que lo mantuvo vivo estos días fue el amor de sus padres y hermanos, familia, amigos que han manifestado muestras de solidaridad, rezos y deseos de que el muchacho volviera, y que lo que lo ha dejado ir, es también ese amor, para que pudiera descansar en paz.
No sé si la vida y la muerte son la separación de distintos mundos. Sí sé que no es un paraíso un mundo, un país, en el que un hijo no puede acompañar a su padre tranquilo para comprar los suministros de su casa.
Mi amigo Mario es periodista. Una de las profesiones de alto riesgo de este país. Es un periodista joven que tiene una carrera promisoria. Él es uno de los hermanos del muchacho que hoy será velado en una funeraria ante las miradas todavía sorprendidas de un grupo humano que tiene que enfrentarse de manera imprevista a un hecho que no tenía que llegar todavía.
No sé si sea capaz de hacer reflexiones sobre la vida y/o la muerte en este momento. Tengo un montón de mierda atorada en el pecho que no quiere salir. Me duele la espalda, me siento cansado, agotado. No sé si lo que uno hace sirva de algo en un mundo en el que un montón de papeles cargados de un valor de compra valen más que la vida de un muchacho que acompañó a su padre a hacer las compras de la semana.
Thursday, November 09, 2006
El equilibrio de la sinrazón
El equilibrio, el yin y el yan, el blanco y el negro, los matices entre los extremos. Una de las cosas que me angustian en esta saturada oferta de gurús y de sabios que promueven estas cosas que se caen de maduras (pienso yo), es que de seguro no sean tan obvias.
Por supuesto que sin desmerecer la filosofía y los siglos de pensamiento qua hay detrás de estos conceptos y figuras, no vamos a ignorar que han sido reducidos a una suerte de baratijas de las ferias de las pulgas.
¿Me explico? Seguro no mucho, puesto que suelo pensar escribiendo, y cuando el enredo es mayúsculo, se debe reflejar en las letras.
Quiero decir que cuando tanta gente sigue, consulta, escucha, ‘consejos’ para mejorar su vida; y estos consejos responden a la lógica más básica del sentido común, supongo que –y juro que espero equivocarme- el panorama no es muy alentador en la perspectiva de pensar por sí mismo.
Claro que saber cómo deben ser las cosas no asegura que uno las aplique a la vida, pero me parece increíble que debamos recurrir a personas que aplican la fórmula de la felicidad en siete pasos, el camino del éxito en cinco y hasta cómo mantener la felicidad por toda la vida con la misma persona en cuatro –pasos, digo- (porque ni hablar de los truquitos para el sexo, que confieso haberles dedicado un tiempito).
Pues bien, ni modo. Pienso que hay dos respuestas, o necesitamos de otros para que nos digan lo que sabemos que debemos hacer, desde el fondo de nosotros mismos. Porque si lo que estos personajes nos dijeran pensáramos que es estúpido, por supuesto que ni minutos les dedicáramos. O, la otra opción, es que no somos capaces de dedicarnos unos minutos diarios para saber qué es lo que esperamos de nosotros mismos en el camino de conocernos.
La angustia, el corre-corre (o el corre que te pillo, como se diría en Chile), las cuentas de fin de mes, el reality en la tele, nos ocupan el suficiente tiempo para que no tengamos tiempo de buscar nuestras propias respuestas. Aunque de todos modos, por supuesto, las respuestas que queremos, las obtenemos de los gurús que más se acomoden a nuestros deseos o expectativas sobre la vida.
Claro que de pronto sea mejor, puesto que en el camino de conocernos nos podemos encontrar con algo que no nos guste. Algo que debamos enfrentar y resolver. Si nos lo dice otro, siempre podemos hacer como que no oímos, como que no es con nosotros o como que nada que ver.
Bueno, al fin y al cabo, siempre hay un momento en que la vida se encarga de refregarnos que no hemos sido capaces de cumplir con nuestros propósitos de lo que esperamos de nosotros. Siempre es mejor escuchar con sorpresa de labios de otros, y hacer como si hasta ese momento revelador no hubiésemos caído en cuenta de lo que teníamos que hacer con nuestras vidas. Y luego, agotados, aplastarnos a descansar frente a la pantalla chica, alienarnos y olvidar que hay que comenzar algún día.
Thursday, August 24, 2006
Hay que endurecerse
Endurecerse o la ternura. Un dilema ante las cosas que me sacan de centro. Una duda que persiste ante lo que gobierna la vida y las cosas que debo enfrentar a diario. Un tópico más entre los muchos que me rondan la cabeza y me desestabilizan para no dejarme dormir, o me vencen aliados con el sueño.
Ya la gente no cita al Ché Guevara. Si acaso lo portan en una camiseta y se dejan seducir por la imagen que proyecta la famosa fotografía tomada por Korda, estampada en blanco sobre un negro furioso. Él dijo una vez: “Hay que endurecerse pero sin perder la ternura”. Es como un llamado al equilibrio en este mundo voraz que quiere tragarnos y decirnos que la vida es como es y que no podemos cambiarla. Este mundo insensible que pretende enseñarnos a vivir la vida de manera aséptica y que nos preocupemos de nosotros mismos. Un mundo que grita: ¡Sálvese quién pueda! Mientras los poderosos siguen su vida indolente y abusiva.
Me niego a vivir la vida de manera obtusa y sé que necesito ampliar mi mirada: ¡Cómo me cuesta! Me rebelo todos los días conmigo mismo y me enojo por lo que dejé de hacer el día anterior. A veces avanzo, otras retrocedo. Las más de las veces, me doy cuenta de que lo que creí que era un avance no sirvió para nada. Pero sigo adelante con alegría, porque estoy en el camino, porque me atreví a recorrerlo.
Esta etapa que me ha enseñado que de nada sirve evitar el conflicto, que en poco o nada contribuye una palmadita en la espalda cuando la ‘cagan’ tus seres queridos, que me ha dicho de miles de maneras que la única forma en que quiero vivir mi vida es con honestidad, me reafirma en la convicción de endurecerme, con la esperanza de no perder la ternura. O si se quiere: enternecerme, sin perder la dureza.
Esa búsqueda del equilibrio entre el blanco y el negro, entre la vida y la muerte, entre la dicha y el llanto. Aspectos de la vida que me enamoran, que me cuestionan y que me obligan, de una manera despiadada a reconocerme insuficiente, ineficiente y mediocre. Que me confronta para vencerme, conmigo mismo como referente y los demás -quienes me rodean-, como aliciente, como meta por conquistar y seducir. Esa es la vida que me envuelve y -como dice la Celeste- que me alcanza.
Estoy absorto en una necesidad de afrontar la vida como se me presenta y decidir si quiero hacer algo por cambiarla. Cuando logro “madurar” un poco, llega un nuevo reto, una nueva historia que descubrir, una nueva vida que acompañar. Una vida que me enseña, me para frente al espejo y me obliga a mirar aunque voltee la vista.
En esas ando. Tratando de endurecerme, buscando un pedazo de ternura que no me bloquee y me empuje. Asumiendo la vida y luchando en el camino de la muerte.
Saturday, July 29, 2006
Apostillas de ‘La libertad en un laberinto’
IMAGEN CORTESÌA DE ARWASSA (www.arwassa.blogspot.com)
Bueno, mi gente. Les cuento que estuve releyendo el espacio de comentarios de La libertad en un laberinto y he decidido editar la charla que se dio. Como bien decía Yreal, este es un tema que da para varios subtemas, pero pienso que puede ser constructivo facilitar la lectura de esta conversación antes de pasar a otro tema.
Aquí se los dejo... sin foto porque ya está muuuuuuy largo. Un abrazo y sigan pasando.
La libertad es como un laberinto. Es como decir que es una trampa, de esas que seducen, que cuando te acercas a sentir el cebo, te atrapa y no te deja salir. Adentrarse a buscarla es como meterse en un lío del cual difícilmente podrás salir.
Una trampa que te enamora, que te hace pensar que estás en el camino correcto, pero en cualquiera de sus vueltas te das cuenta de que sigues atrapado.
“Claro que disfrutar la libertad implica la presencia de otros, pero esos otros si acompañan en alguna medida también es desde la propia libertad.
Atreverse, arriesgarse, supone costos, a veces altos, pero la satisfacción de hacer lo que una considera justo con la propia vida, debe ser lo primero”. (Siempre el Sur)
La libertad es una búsqueda permanente. No de ahora, no de ayer, sino de siempre. Siempre está allí, como una lucha latente, que a veces decidimos hacer patente y otras, la mayoría, nunca sale de su capullo. La vida es más fácil cuando uno decide dejarla quieta... Pero es maravillosa cuando decide abrazarla.
“Es que quizás el peor enemigo de nuestra propia libertad seamos nosotros mismos. Son demasiadas las ocasiones en que son nuestros propios pensamientos los que nos encarcelan. Mientras el alma tira para un lado la razón nos hace ‘mantener la compostura’. Tal vez nos convenga dar un respiro de vez de en cuando, un respiro que verdaderamente nos permita encontrarnos y liberarnos de las todas las ataduras”. (Salime Sfeir)
El respiro que se requiere es para descansar, pero la libertad sigue esquiva. Una cosa que libera por un lado, encadena por el otro. ¿A cuáles ataduras estamos dispuestos a ceder? ¿Qué cadenas nos atreveremos a romper?
“Para mí, esto de tener un blog es un modo de no perder contacto con la sociedad, ya que justo afuera de mi casa hay mujeres dueñas de casa preocupadas de barrer las hojas y hablar mal de la vecina, mientras yo trato de averiguar quien soy y qué haré”. (Gentzane)
“Por un lado la libertad da y por otro la quita. Supongo que la libertad absoluta no existe, pero dentro de los parámetros en los cuales nos movemos debemos elegir aquello que nos haga sentir espiritualmente más libres”. (Salime Sfeir)
¡Lo que pasa es que saber eso no es tan fácil! Es como el oasis del desierto. Te arrojas sobre él y bebes de sus aguas, pero hay que estar atentos a los momentos de lucidez que nos permitan darnos cuenta de que a veces estamos tragando arena.
“Debo admitir que a veces es tanto más "fácil" dejar pasar la realidad y hacerse la tonta. Pero lo real siempre termina mostrándose, así que no podemos hacer más que aprovechar esos momentos de lucidez (o de locura en algunos casos)”. (Salime Sfeir)
La locura de estos tiempos, pienso que es la cordura que hemos perdido. Esa que nos indicaba que había que dejarnos invadir por los sentimientos, las sensaciones y dejar que la imaginación vuele.
Hemos desaprendido a hacer lo que nos apasiona, en aras de una funcionalidad enfermiza... esas cadenas que nos envuelven.
“Creo que los tiempos que corren son mucho mejores para el ejercicio de la libertad. Digo mejores, no ideales. Pero el ejercicio de la misma conlleva muchas renuncias y ganancias. La libertad es elegir y decidir. Cuando eliges, renuncias a otras opciones y cuando decides, asumes. Ninguna de las dos es sencilla. Porque hay momentos en que hay que elegir en beneficio de otros. Somos parte de un entorno que nos significa y define. A veces hay que luchar contra uno mismo y a veces ser, nos obliga a actuar en consecuencia y a hacernos cargo de nuestra vida. Ser congruentes con el "personaje" que decidimos ser”. (Yreal)
Ejercer la libertad es elegir y decidir, pero uno no siempre decide lo que le ofrece libertad. Lo que libera a veces -muchas veces- está en el camino difícil y marcado por el rechazo.
De acuerdo en que somos parte de un entorno, pero ese entorno nos presiona para que no nos salgamos de los parámetros de su aceptación.
Hoy en día, digo yo, el terreno es complicado porque la lógica del mercado define muchas más cosas de las que somos conscientes. Estamos en la parte más enredada del laberinto, porque es precisamente la parte donde el oasis se nos revela ante los ojos en forma de libertad...
“Este tema de la libertad tiene muchas variables a tomar en cuenta. Quizás se requeriría hablar de la necesidad de libertad en diferentes registros. La conquista de la libertad siempre conlleva un costo, es verdad”. (Yreal)
Pienso que el asunto de los costos, siendo real, también es un salvavidas para la conciencia. ¿Me explico? Sucede que en el fondo, y a veces no muy en el fondo, todos sabemos que el camino de la libertad duele y el de la desidia es más cómodo... ¡Qué problema! ¿Asumo el problema? ¿Lo enfrento? ¿O me quedo mirando el cielo raso con la esperanza de no tener que levantarme?
“La libertad parece estar en la posibilidad de caminar por donde uno quiera... aún si eliges la desidia y te quedas mirando el techo, eres libre porque esa fue tu elección”. (Salime Sfeir). Pero elegiste lo que te encadena, lo que te mantiene en el calabozo. Esa es la cuestión. Es decir que no siempre que escoges lo haces por la libertad.
¿Has oído hablar de los cimarrones? El cimarrón era el esclavo que se preguntaba: ¿Quién es este tipo para ser mi amo? ¿Por el solo color de piel merece serlo? Es el esclavo que empieza a soñar con la libertad y que se sabe con el derecho a ser libre.
El cimarrón es libre desde antes de huir, desde el día en que la escoge y la concibe dentro de sí, desde cuando la sueña y la añora, aunque siga encarcelado. Si escoges la desidia, es tu elección, claro, pero una que te esclaviza. No es lo mismo escoger, que ser libre.
“Como dice Sastre: "estamos condenados a elegir", queramos o no. Yo no se si esa condena nos hace felices o libres en el sentido más poético de la palabra. Algunas creencias intentan suprimir los deseos y pertenencias en busca de algo, pero no les hace al mismo tiempo esto menos libres?
Y como organismos que somos, rebosantes de hormonas, química. ¿Quién decide?
Supongo que tenemos una libertad limitada, pero yo nunca he pensado que la libertad sea ‘hacer lo que te de la gana’, sino la responsabilidad de cada una de las cosas que hacemos. No lo veo como un término hermoso, sino como algo que a veces nos produce angustia incluso”. (Arwassa)
Los conceptos abstractos se inventaron -supongo- para nombrar de alguna manera algo que existe y no podemos tocar. La libertad no se puede tocar, tal vez ni siquiera se puede sentir en realidad. Pero sirve como un destino o meta que te permite avanzar.
En la medida que piensas o criticas lo que ves, y lo haces de manera autónoma, ejerces tu libertad.
¿Qué tan autónoma? Cada vez más, pienso yo, en la medida que descubres que lo que piensas siempre está mediado por algo...
“Hay momentos que me da la impresión que nuestra libertad es extraña. Por ejemplo tenemos derecho al voto, pero nuestras opciones son muy limitadas, y a veces demasiado semejantes. ¿Realmente estamos eligiendo?
Otra cosa que me perturba, muy diferente al ejemplo anterior, la libertad para muchos es poder elegir ente muchos artículos de consumo, pero seguimos atados de cierta forma a un modo de vida. Como si nos hiciera falta urgentemente algún tipo de cambio de conciencia”. (Arwassa)
A eso me refiero cuando digo que no todo es lo que parece. En la medida que avanzas en la comprensión y te apropias del concepto, te das cuenta de que está más lejos. Pero sirve para eso. Las utopías no son necesariamente para alcanzarlas, sino como un destino que te ayudan a avanzar.
Yo no idealizo la vida, por ejemplo, ya que sé que el mundo es una mierda-, pero construyo un sueño del mundo que deseo habitar y lucho para que exista, aunque nunca se alcance y seamos concientes de que ello.
“Entiendo, no como meta sino como camino. Debe ser difícil vivir sin sueños”. (Arwassa)
Friday, July 21, 2006
La manoseada democracia
DÍA DE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES EN COLOMBIA. FOTO/MÍA
¿Quién me habla de democracia? Me rondan las imágenes y las palabras de la gente que la defiende últimamente. Confieso que me tienen un poco consternado.
Un montón de la gente que dice defender ese sistema de gobierno que se ha convertido en una virtud –un hito en la escala de valores- casi incuestionable, pronuncia y repite discursos que me suenan tan raros en esas bocas que la piensan y la predican pero -así como el “padre Gatica”-, no la practican.
Suele suceder que miembros de las organizaciones no gubernamentales que cuestionan a los gobiernos de turno y que dicen que el señor o señorita presidente se asemeja a los dictadores de antaño (o hace poco), suelen encabezar instituciones o instancias en las que la toma de decisiones reside en las mismas personas desde hace mucho tiempo, tal vez décadas y se ejerce de la manera más grotesca imaginable. Desde un guiño, una alzada de la voz o un gesto que sus compañeros de trabajo ya aprendieron a identificar como el fin de la discusión.
No se han construido modelos de trabajo horizontales. Sigue ejerciéndose el poder vertical donde la toma de decisiones reside en las personas que se imaginaron esa institución en un principio. En definitiva, hay una autoridad que les confiere haber llegado antes, la experiencia en el tema que trabajan y/o el poder de la presencia.
Ahora, ya sé que esto debería funcionar como en otros espacios: “haz lo que digo y no lo que hago”, pero en realidad en el mundo las cosas no funcionan así. La verdad es que estamos cansados de esa gente que predica sin autoridad moral sobre los temas que nos vuelven locos, e incluso sobre los que no nos importan un ‘carajo’.
Pero claro. Esto es algo que no debería preocupar a alguien que no se caracteriza por defender la democracia. Porque pienso que todos los sistemas que conocemos son insuficientes, por decir lo menos, incluido este consabido sistema aplicado a la manera de Latinoamérica.
Un sistema que ha permitido que la corrupción se imponga de una u otra forma, que consiente en que las clases menos favorecidas sigan sin representatividad real en las capas de poder, que profundiza las desigualdades y cohíbe cualquier expresión que la cuestione. En definitiva, una democracia que poco o nada conserva de la propuesta teórica que la promueve y la posiciona como el sistema político por excelencia.
Sólo digo que lo que no funciona en lo micro, difícilmente lo hará en lo macro. Y si en los espacios donde la democracia es una palabra de todos los días, y donde se la piensa y se la observa permanentemente no se aplica. Pues, muy difícilmente funcionará en otras esferas.
Sigo pensando en la frase de Thoureau: “El mejor gobierno es el que gobierna menos”, un gobierno que logra poner a sus ciudadanos a funcionar por el bien común sin necesidad de coerciones.
La verticalidad sirve al momento de la toma de decisiones. Aprendamos a decirnos las cosas por su nombre y a no temerle a defender la forma de funcionar pragmáticamente. El que tiene autoridad que la ejerza, pero que lo haga de manera funcional y sin autoritarismo. A mí no me molesta.
¿Que la democracia es el menos malo de los modelos? ¡Y qué?
¿Que nos toca conformarnos? ¡Quién dijo?
¿Que no se ha inventado algo mejor? ¡Y qué esperamos?
Ya me estoy cansando del pragmatismo en forma de conformismo frente a lo que se supone que no podemos cambiar. Quiero aprender a lidiar con el sistema, pero no rendirme jamás. Lo quiero todo o nada, es cierto, pero no me quiero suicidar en el intento. No quiero esa democracia que me somete. Quiero creer que es posible volver a creer y seguir luchando.
Como dije en otro post: ¡Que eso es utópico! Muchas gracias. Para mí, eso es un cumplido.
Saturday, July 08, 2006
La libertad en un laberinto
FOTO/MÍA
Por César Baeza Hidalgo
No toda acción debe considerarse física, me imagino. Hay actos, o hechos, que se derivan de las decisiones que tomamos que no siempre se pueden describir en tangible y que afectan a los que nos rodean. Sobre todo a quienes nos quieren. Por lo menos lo que me está dando vueltas en la cabeza es así.
Se dice que mientras menos ataduras tiene un ser humano, más cerca de la libertad se encuentra. La verdad es que parece que se cae de madura la frase, pero eso tiene muchas intríngulis. Mejor dicho, el enredo que se forma cuando tomamos decisiones que se supone que nos afectan sólo a nosotros es mayúsculo. A veces la culpa lo ronda a uno sin saber si al fin va a entrar y quedarse o la va a lograr dejar afuera.
Una de las cosas que me ha dado vueltas en la cabeza desde hace años es esa búsqueda de la libertad. Tratar de sacudirme de esas cosas que hacemos por compromiso, pero que en realidad no nos nace hacer de pura voluntad. Tratar de mirar hacia dónde quiero ir sin medir cuánto me puede costar o cuánto me puede doler. Generalmente cuando uno toma decisiones coherentes con lo que sueña, de alguna manera duele.
Y hasta funciona. Hasta que uno decide hacerse consciente de que a pesar de todo, la gente a tu alrededor se afecta. Es que aceptar que la gente sea como es y convivir con eso no es fácil. Si roncas, desordenas, habitas espacios que estaban destinados para la soledad, siempre afecta. El costo de la libertad en algunos aspectos, significa una esclavitud en otros. Es una búsqueda difícil y complicada, que no siempre es liberadora.
Las trampas del mundo de hoy, las tentaciones de la vida moderna, las noches al compás de un vino tinto, obligan a pensar en insumos que requieres para seguir adelante disfrutando de ellas. La comodidad tiene sus costos y múltiples caras. La búsqueda de la libertad es un laberinto que te acerca y te aleja simultáneamente.
En este momento, cuando la tormenta comienza a despejarse, siento que estoy a borde del precipicio, es una sensación extraña. Como caminar por un cerro en medio de una niebla espesa, de esas que no dejan ver más allá de tu nariz. Sabes que estás a punto de ver la luz, pero también sabes que a la misma distancia puede estar el barranco.
¿A quién recurres en esos momentos? Sobre todo cuando ya has abusado de tu libertad a costa de las angustias y comodidades de otros que se solidarizaron con tu causa. Siempre llega el momento de reconocer que tu causa es tuya, y que por mucho que te apoyen quienes te quieren, no tienen por qué pagar las consecuencias de lo que decides… cuando sientes que te acercas, el laberinto te lleva a otros cauces y otra vez te alejas.
