
Las trampas y laberintos por los cuales transitas. A eso me refiero con que no todo es lo que parece. En la medida que esculcas y te acercas a comprender el concepto de libertad, te das cuenta cuan lejos está.
Pero sirve para eso, como una utopía. Las utopías no son necesariamente para alcanzarlas, como sugirió Eduardo Galeano alguna vez, sino como una meta que te ayuda a avanzar, como una fuerza movilizadora que, si bien sabes que nunca alcanzarás, te lleva hacia algún lado.
Yo no idealizo la vida, por ejemplo, ya que sé que el mundo es una mierda-, pero construyo un sueño del mundo que deseo habitar y lucho para que exista... aunque nunca se alcance y seamos concientes de que el imposible nos habita, nos inunda y nos abruma.
¿Me explico?
Los conceptos abstractos se inventaron -supongo- para nombrar de alguna manera algo que existe y no podemos tocar. Prefiero pensar eso a que las cosas sean al revés. La libertad no se puede tocar, tal vez ni siquiera se puede sentir en realidad. Pero sirve como un motor que te permite avanzar, que te impulsa y te saca del sopor y el estancamiento.
En la medida que piensas o criticas lo que ves, y lo haces de manera autónoma, ejerces tu libertad. Una libertad que te enreda, te sume en el laberinto, y en cada esquina, otra pared que te detiene.
¿Qué tan autónoma? Cada vez más, pienso yo, en la medida que descubres que lo que piensas siempre está mediado por algo... ahora bien, el campo abierto puede estar detrás de esa pared del laberinto, muy cerca, pero la salida, ¿cómo encuentras la salida?