
Atardecer en Salango/
Pacífico ecuatoriano /
Para que la opinión despierte y se vuelva acción. Para despertar la esperanza de que el mundo cambie: Opine, y luego actúe.
Esto fue escrito el 20 de mayo de este año. Pa'mis 40
Son 40, bien vividos, bailados y comidos… sobre todo comidos, como lo demuestran mis grandes pantalones y calzoncillos que se airean al sol, en una cuerda que se alza hacia el cielo de Quito.
Pasa un avión cada cierto tiempo y mis manos se deslizan sobre el teclado mientras pienso en lo que ha sido mi vida y lo que tendría que seguir siendo… ha de ser la madurez de los 40 que lo pone a hacer balance a uno, mientras la vida sigue en Chile y Colombia, donde se ha quedado un pedacito de mí, y donde encontré personas que me enseñaron que crecer no tiene que ver con la altura ni el volumen, sino con las cosas que uno es capaz de hacer forjadas en convicciones.
Me he reencontrado con parte de mi pasado en el Ecuador, por eso tal vez me he sentido tan a gusto y he persistido en darme la oportunidad de conocer un poco de este mundo que tan desconocido me era, a pesar de lo cercano que se encuentra a las injusticias que me han despertado el ánimo y consolidado mis convicciones.
Aquí estamos, al pie del cañón, buscando un horizonte que me convenza, tratando de hacer algo por este mundo, que se cae a pedazos, mientras la mayoría de la gente espera frente un televisor que la vida se acabe. ¡Cómo me gustaría creer en otra vida! ¡Qué fácil sería dejar para la próxima lo que no alcancemos a hacer en esta!
Me descubro mirando el espejo, acariciando mi barba cada día más blanca, mirando la escasez de mi cabellera que algún día llegó hasta la cintura y cuando me detengo en los ojos, descubro que todavía siento algo de vergüenza: Sé que me ha faltado disciplina y que aun malgasto el tiempo. Me ha faltado estudio y fortaleza para estar en todos los lados que habría debido estar. Me ha faltado el coraje para ser más férreo en el camino emprendido, así como desprendimiento para saber que aunque la vida te esté tratando bien, hay otras tareas que esperan por ti.
Me convencí en un momento de la vida que no vale nada la vida de un rebelde si esa rebeldía no tiene causa. También me di cuenta en el camino que la primera coherencia y consecuencia que se le puede pedir a quién aspira a un mundo nuevo, es la que empieza por casa, donde el cariño no se puede postergar, donde una caricia no sobra y tantas veces hemos mezquinado. Me he dado cuenta de que a veces he fallado con la gente que quiero; me he dado cuenta que no he estado cuando alguien me ha necesitado, y en eso no hay excusas, y no hay palabras que puedan repararlo. Aunque el momento que vives sólo tú sabes lo intenso que puede ser y lo cansado que te sientes, siempre hay que tener fuerzas para lo que viene, o algo has hecho mal y tendrás que pagarlo, allí, frente al espejo al menos.
Pero también sé que he sido privilegiado con amigos y amigas que pocas personas tienen. He ganado en conciencia y en cariños que perduran a pesar de los momentos y gracias a ellos. La única riqueza que me he preocupado en cosechar se me sale por los poros y aunque no siempre he podido estar, la vida me ha premiado y allí están las personas que han quedado en cada etapa de mi vida. Sonrientes y con palabras de apoyo o gestos de hermandad cuando uno más los necesita.
Son 40… ya he pasado más de la mitad de mi vida, he de ver qué podremos hacer con el resto que nos queda… Buen viento, buen ‘amar’ y el mayor de mis abrazos, por estos 40 y por los que quedan.
- Amigo. Soy José. ¿Se acuerda de mi?
- José?
- Sí, el que lo recibió cuando andaba tomando las fotos por los lados del Magdalena Medio.
- José! ¡Qué gusto, dígame!
- Mire, lo que pasa es que me va a tocar irme. Me amenazaron en el barrio y no se para donde ir. Quería ver si usted me puede regalar algunas de las fotos que tomó. Yo andaré por su ciudad el domingo
- Claro, José! ¡Me llama y le doy un CD con las que quiera.
El periodista no volvió a saber de José hasta casi 20 días después. Lo mataron cruzando el río, junto con la mujer que le acompañaba cuando lo conoció. Una mujer de tirar pico y pala en la construcción de un camino. Ahora, sólo quedaban sus fotos y la historia sin contar.
Unos dijeron que fue la guerrilla, otros que los paras que estaban cansados de que el líder se tomara tan a pecho la labor que le había encomendado la comunidad. Otros, se atrevieron a sugerir que había sido su propio vicepresidente de la junta vecinal, quien lo acusó con la guerrilla de andar haciendo pacto con los paras.
De distintos modos la gente hablaba en susurros y cambiaba la claridad de su mirada cuando el reportero preguntaba qué era lo que había pasado.
El tiempo fue el que pasó y a veces, cuando el periodista se quedaba solo frente a un computador prestado, en esas tardes de domingo en que ni siquiera las gotas de la ducha habían tocado su cuerpo, le recordaba, cada vez con menos frecuencia pero con el mismo sentimiento de culpa que le rondaba la cabeza y le estrujaba el corazón.
¿Qué habría pasado si le hubiese ofrecido su casa cuando le habló de la amenaza? ¿Y si le hubiera preguntado un poco más sobre lo que le dijo al teléfono? ¿Por qué dejó que le cortara tan rápido la noche de esa llamada? ¿Por qué esperar al domingo? Ese domingo que llegó y le pasó inadvertido y no le echó de menos.
Una más de las tantas historias que nunca contaría. Una de tantas vidas truncadas que engrosaban la estadística en esa guerra que los gobernantes declaraban que no existía. Otro informe oficial que hablaba de una muerte producto de la delincuencia común en los archivos policiales. Un robo a una persona quién sólo había tenido un techo de latas y un piso de tierra para ofrecer cuando el periodista tomaba las fotos, financiado por un organismo internacional.
Ahí estaba el periodista que cada vez menos historias contaba. Que miraba a lo lejos, desde un escritorio, como la muerte seguía apoderándose de la vida. Ya llegaría el lunes para dejar la ‘pensadera’. Al fin y al cabo, había muchas cosas que hacer para seguir produciendo.
Y le quedó rondando una frase de una película que repitó poco antes: "Pero un día descubrí que todavía podía hacer algo para estar completamente vivo antes de estar definitivamente muerto, entonces, me puse en movimiento"